miércoles, 13 de julio de 2016

Al Sol...






 
A plena luz de sol sucede el día,

 el día sol, el silencioso sello

 extendido en los campos del camino.


 Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,

 con tanta claridad destinada

 que llegaré a morirme de fulgor.


 Y no divido el mundo en dos mitades,

 en dos esferas negras o amarillas

 sino que lo mantengo a plena luz

 como una sola uva de topacio.


 Hace tiempo, allá lejos,

 puse los pies en un país tan claro

 que hasta la noche era fosforescente:

 sigo oyendo el rumor de aquella luz,

 ámbar redondo es todo el cielo:

 el azúcar azul sube del mar.


 Otra vez, ya se sabe, y para siempre

 sumo y agrego luz al patriotismo:

 mis deberes son duramente diurnos:

 debo entregar y abrir nuevas ventanas,

 establecer la claridad invicta

 y aunque no me comprendan, continuar

 mi propaganda de cristalería.


 No sé por qué le toca a un enlutado

 de origen, a un producto del invierno,

 a un provinciano con olor a lluvia

 esta reverberante profesión.


 A veces pienso imitar la humildad

 y pedir que perdonen mi alegría

 pero no tengo tiempo: es necesario

 llegar temprano y correr a otra parte

 sin más motivo que la luz de hoy,

 mi propia luz o la luz de la noche:

 y cuando ya extendí la claridad

 en ese punto o en otro cualquiera

 me dicen que está oscuro en el Perú,

 que no salió la luz en Patagonia.


 Y sin poder dormir debo partir:

 para qué aprendería a transparente!


 Hoy, este abierto mediodía vuela

 con todas las abejas de la luz:

 es una sola copa la distancia,

 al territorio claro de mi vida.


 Y brilla el sol hacia Valparaíso.
 

(Pablo Neruda)








 

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