viernes, 5 de junio de 2015

A la izquierda del roble






No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.


El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.


Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanaticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.


Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.


Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico


ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
déjame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.


Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.


Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico


vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llévale flores
que yo también iré contigo.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.


Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.


El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.


Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.


Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.



Mario Benedetti (A la izquierda del roble)



jueves, 4 de junio de 2015

Gestos que te pueden traer problemas


Ten cuidado cuando viajes, jeje...







Algunos gestos que practicamos habitualmente, pueden ser ofensivos en otras partes del planeta, son culturas diferentes, y debemos adaptarnos a las buena maneras de los países que visitamos. En el enlace de abajo encontrarás mas información.



Fuente: enlace


miércoles, 3 de junio de 2015

¿Cual es tu caricatura favorita?






Michael Jordan






Clint Eastwood







Mick Jagger







Michael Jackson







Elvis Presley






Liam Neeson






Johnny Depp






Steve Jobs








House





Pau Gasol




Me quedo con la de Michael Jordan... me trae grandes recuerdos !!!



martes, 2 de junio de 2015

Campos de Castilla



Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

 mi historia, algunos casos que recordar no quiero.



Flickr (Virues de Segovia)


 Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

 — ya conocéis mi torpe aliño indumentario—, 

mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. 





Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 

pero mi verso brota de manantial sereno; 

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

 soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. 






Adoro la hermosura, y en la moderna estética

 corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; 

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

 ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar. 






Desdeño las romanzas de los tenores huecos 

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

 A distinguir me paro las voces de los ecos,

 y escucho solamente, entre las voces, una. 





¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada: 

famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada. 





Converso con el hombre que siempre va conmigo

 —quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

 mi soliloquio es plática con este buen amigo

 que me enseñó el secreto de la filantropía. 





Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 





Y cuando llegue el día del último viaje, 

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

 me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 

casi desnudo, como los hijos de la mar. 








Antonio Machado (Retrato)


Fuente: Poesías completas